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Festejos con sabor a criollismo
El pisco tiene aroma a música criolla y en algunos recintos se celebra su majestuosidad con jarana de antaño.
Su aroma y su cuerpo continúan acompañando la efervescencia del criollismo, como antes. Como siempre lo fue. Cuentan que en la década de 1940, el destilado de uva se bebía en las corridas de toros de la Plaza de Acho, en la Feria del Señor de los Milagros, y en las celebraciones populares de la Fiesta de Amancaes.
"Los piscos acholados, que eran los únicos de la época estuvieron presentes también en las famosas "encerronas" que duraban de tres a cuatro días. Eran las fiestas en las que el anfitrión tiraba la llave de la casa al fondo del barril de pisco, para que nadie abandonara la jarana" comenta el promotor Luis Mantilla.
Jarana con Pisco
En la actualidad, criollismo y pisco continúan conviviendo estrechamente. El destilado de uva forma parte protagónica de las jaranas que se organizan en los centros musicales que persisten en la Lima tradicional. Al compás de la guitarra y el cajón, los criollos le cantan y bailan con inagotable devoción.
Pero ya no son los únicos. Con el inicio del nuevo siglo, el pisco motivó a sus principales promotores la creación de nuevos espacios que, a partir de viviendas tradicionales, fueron adaptados para almuerzos y, desde luego, brindar al compás de la música criolla.
Así, en 2001 se inauguró La Casa del Pisco, que hoy se ha convertido en un recinto de tradición y peruanidad. Luego surgieron El Club del Pisco, El Pisco Bar y la Casa Criolla del Pisco que hace dos meses se convirtió en La Pisquería de don Luis.
Los ambientes de La Casa del Pisco, están decorados por algunas acuarelas pinturas de Pancho Fierro y sombreros del norte peruano.
En La pisquería de don Luis, que alberga fotografías y pinturas de criollos del siglo pasado, se programa una serie de talleres y eventos denominado "Viernes criollo". Allí se reúnen aficionados de todas las edades y nacionalidades para participar de la creación de valses, marineras limeñas, etc. Los invitados también aprenden a catar un buen pisco y, desde luego rememoran jaranas de otras épocas.
Su promotor, Luis Mantilla, es un cantante y músico memorioso. Comparte con los asistentes anécdotas de antaño, pasajes desconocidos de la historia y regala piezas que irradian peruanidad. Además, aromatiza la noche invitando una copa de pisco a sus invitados.
"El pisco es historia, canto y baile. Por eso nos gusta cultivar el criollismo de La guardia vieja, la de Felipe Pinglo Alva. Partiendo de este buen criollismo, queremos seguir creando versos para renovarlo. Buscamos que nuestra tradición siga teniendo vigencia porque es nuestra identidad".
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